Osvaldo Aguirre retoma la saga de las drogas más peligrosas que recreativas, los cronistas policiales y las malas noticias. Son las historias de los amigos dispersos, los que sobrevivieron. Se pasean como sombras por los pocos bares que aun no han cerrado, redacciones de diarios provinciales, refugios desangelados rodeados de policias, son los que quedó de militancia y el cuelgue.
Y todo sucede dentro de un proyecto coherente que Aguirre viene cultivando en ficciones, crónicas, investigaciones. El mayor acercamiento posible y en el mismo movimiento la distancia más amplia, es la lección que finalmente aprenderá el escritor, el cronista, después de haber visto desfilar unos cuantos cadáveres. Haber estado ahí, vivir para contarlo, trasciende a la sangre derramada, a la noche trasnochada de los que llegaron tarde y se pasaron de largo.
Claudio Zeiger

