Las plazas ya no tienen nombre para mí

"En un mundo aparentemente anestesiado por la tecnología, Miguel Ángel elige sentir. Por eso arroja el celular a la nada y cierra para siempre su cuenta de correo electrónico. En un mundo condenado al pragmatismo, Miguel Angel elige el dulce abismo. Se queman las naves, se rompen los sellos, nada ni nadie puede atrapar a este hombre que por no tener nada que perder es aun, en su pacífico estar, mas peligroso que un bombardero atado a su detonador por curiosas ideologías y religiones. Alarcón ha creado una obra donde el ángel que interpretara, Bruno Ganz, en “El cielo sobre Berlin” busca nuevamente ser un ángel. Una conjunción perfecta de lírica y poderoso realismo hace que el personaje se desdoble en el narrador. El humano en su circunstancia más poética, la contemplación que es también descenso a los infiernos. “Sólo se me pedía que confiara y me durmiera. Que galopara como un tigre. Con fiereza. Con absoluta seguridad. Que bebiera sangre. Que no me importara nada. Que muera. Que sea feliz. Que deje al oleaje del mar lanzarme a donde él quisiera”.


